Hace unos meses recibí el siguiente correo:

Oprah Winfrey en uno de sus programas, entrevistó a Tommy Hilfiger, el diseñador de la ropa que lleva su nombre. En el show, Oprah le pregunta si de verdad él había hecho el siguiente comentario:

“Si yo hubiera sabido que los negros americanos, los judíos, los latinos y los asiáticos comprarían mi ropa, no la hubiese diseñado tan buena. Desearía que ese tipo gente no comprara mi ropa, pues esta hecha para gente caucásica, de clase alta… y desearía dársela mejor a los cerdos…”

Ante la pregunta de Winfrey de si el había hecho tan cruda afirmación, Hilfiger respondió con un simple y escueto . También admitió su odio por los judíos y su admiración por Hitler. Inmediatamente después, Oprah le exigió que abandonara su show.

Nuestra sugerencia: Vamos a darle lo que el ha pedido. No compremos su ropa, de tal manera que siga lucrándose de nosotros y que su fábrica se vaya a pique y que no le permita a él mismo pagar los ridículos precios que le pone a sus trapos. Por favor, envía este mensaje a todas las personas que pudieran estar haciéndole la fortuna a una persona que fomenta el odio, la discriminación, el racismo entre otros.

La primera reacción de cualquiera es de indignación, hasta el punto de que rápidamente publiqué las declaraciones en Facebook y en Twitter y empecé a preparar un artículo que iba a ser muy distinto de lo que finalmente está siendo. Por suerte, no soy de los que postean a lo loco, y empecé a documentarme. Lo primero que me extrañó fue que, buscando imágenes sobre la marca, lo más habitual era encontrarse con fotos parecidas a la de arriba.

Algo no encajaba, no parece lógico que alguien que no quiere vender su ropa a gente que no sea blanca, incluya sistemáticamente a modelos de otras razas en su publicidad. A continuación busqué entre las noticias de todas las formas posibles: Hilfiger-racismo; Hilfiger-Oprah, Hilfiguer-nazi… y no aparecía absolutamente nada fuera de las típicas reseñas sobre desfiles de moda. “Hilfiger-racista” dio 6.980 resultados algunos de los cuales contenían insultos, pero otros más fiables, incluida la Wikipedia, califican el rumor como “leyenda urbana”.

Así que aquí tenemos un ejemplo de cómo circulan los rumores en internet sin que muchos se molesten en comprobar si son ciertos o no. En realidad no es muy diferente de cómo circulan los rumores en la vida real, solo que en la red la capacidad de difusión, y por tanto de hacer daño, se multiplica por mil. Seguramente detrás de todo esto hay intereses comerciales ocultos. Ya se sabe, “calumnia, que algo queda”.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies