Más o menos todo el mundo está de acuerdo en la definición: Sería la orientación del marketing al establecimiento de vínculos emocionales positivos de los clientes hacia las empresas. El problema viene cuanto se pretenden establecer las pautas y las acciones que debemos o podemos realizar para lograr tan ansiado y utópico compromiso.

Nos encontramos que, por ejemplo, un correcto estudio de mercado; la segmentación de los clientes; una fluida interacción con nuestros seguidores; la buena imagen de marca; una gestión de contenidos orientada a la utilidad y los intereses de los usuarios, y otro montón de cosas más, nos permitirán lograr la fidelidad de nuestros clientes. El problema surge cuando uno se da cuenta de que la mayoría de esas cosas sí producen una vinculación, pero no tiene por qué ser emocional. Puede ser simplemente comercial, profesional o para cubrir una necesidad puntual.

Además no queda más remedio que llegar a la conclusión de que, según todo lo anterior, cualquier cosa que se haga bien en internet genera un vínculo entre nosotros y nuestros seguidores y cualquier cosa que no se haga, o se haga mal, no genera un vínculo. Pues sí.

Ya desesperados de encontrar algo que diferenciara este concepto de todas las demás acciones que podemos realizar, encontramos un vídeo de unos 3 minutos de un señor dando una conferencia. Casi al final el hombre pronunció las palabras mágicas: motivación vital. Se encendió la bombilla. Claro, además de todo lo demás, engagement podría ser la relación, la conexión, de nuestros objetivos y nuestras acciones con las motivaciones vitales de las personas a las que nos dirigimos. Ahí sí que puede estar lo emocional.

Busquemos un ejemplo: Uno de los problemas de atracción de públicos en el teatro familiar suele ser la alegación de “falta de tiempo” por parte de los padres, así que una buena orientación hacia el engagement podría ser apelar a alguna de las motivaciones más importantes de estos hacia los hijos. Cojamos una foto:

Podría ser un padre ayudando a su chaval a aprender a leer, una muestra del impulso que se siente por la educación de los hijos. Si a esta imagen le añadimos un texto que llame (que redirija) la atención sobre el propósito que pretendemos, estaremos asociando esa motivación vital con nuestra actividad. Por ejemplo:

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