Aunque puede sonar un tanto materialista, cuanto mayor sea el grado de formación del personal de una organización mayor será su nivel de productividad. Y en este sentido, una entidad cultural no debería ser muy diferente de una empresa, si no lo es ya. Si los conocimientos de las personas que conforman los equipos no va acompasados con la evolución de las disciplinas o materias que les incumben, el engranaje sufrirá algún tipo de estancamiento y la imposibilidad de prestar de la mejor manera posible los servicios con los que están relacionados. Como caso extremo, imaginemos una biblioteca de pueblo pequeño donde todavía se trabaje con fichas de cartulina porque el bibliotecario no ha podido tener acceso a los conocimientos para manejar un programa informático. Y no se trata solo de eficiencia técnica o de rapidez, en este ejemplo están implicados conceptos más sutiles como la utilización de las TIC en los servicios culturales –tema del que hablaremos en otra ocasión– y su uso como herramientas para pensar la biblioteca más allá de las paredes del edificio.

Es decir, que la formación permanente no solo facilita el conocimiento de nuevas técnicas o metodologías, debería además, y sobre todo, potenciar las capacidad de ver las cosas de otra manera, con nuevas perspectivas. Y en este sentido, la adquisición de nuevos conocimientos no solamente será útil a la organización como tal (mejora de servicios y productos, desarrollo tecnológico, fidelización de clientes…) sino que debería suponer la mejora de las perspectivas personales de sus miembros individualmente:

  • Reciclar o actualizar los conocimientos adquiridos durante el periodo de formación inicial (escuela, universidad) con el fin de ponerse al día en la evolución lógica en su profesión y más si esta tiene que ver con la creatividad, las artes o las nuevas tecnologías.
  • Adquirir conocimientos nuevos perfeccionando y creando una base teórica y práctica sobre los retos que los puestos de trabajo van creando cada día.
  • Aumentar la polivalencia, facilitando el intercambio de funciones según las necesidades del servicio y posibilitando una organización más flexible ante ausencias u otras circunstancias.
  • Proporcionar oportunidades de desarrollo personal en los puestos de trabajo y preparación para adoptar retos superiores.

Continuando con el ejemplo: ¿y si el futuro de las bibliotecas está en el establecimiento de redes o comunidades conectadas de usuarios que utilicen el espacio digital como medio de mantenerse informados sobre libros, documentos, etc. y el espacio físico como punto de encuentro personal e intercambio? ¿Cuál sería el papel del bibliotecario y cómo llegamos hasta allí? Porque en la primera frase hemos hablado de productividad (extraña palabra) pero deberíamos haber hablado de efectividad, amplitud de miras, imaginación, propuestas, innovación…

 

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