Una de las cosas más importantes a tener en cuenta a la hora de abrir una empresa comercial o negocio es la imagen pública que queremos que proyecte hacia el exterior, es decir, hacia los futuros clientes potenciales. Por eso, es realmente importante elegir cuidadosamente tanto el nombre como el resto de los elementos que van a definir nuestra marca, lo que en el mundo del marketing se llama la imagen corporativa. Y eso es algo que podemos asumir personalmente, si tenemos unos mínimos conocimientos del tema, o dejarlo en manos de los profesionales. Ni lo primero, elegir nosotros mismos con toda la ilusión y conocimiento cómo queremos que se vea nuestro propio negocio, ni lo segundo, ponerlo en manos de una agencia de publicidad, es una garantía asegurada de éxito, aunque en este último caso las posibilidades de que salga bien son bastante mayores. Sin embargo, aquí tenemos algunos ejemplos reales de productos que en su momento fueron un fracaso debido a una mala elección del nombre:

MLO: Aperitivos llamados “Bolas de gorila”
HV Natural Foods: “Chips de nabo”
Helene Curtis: Acondicionador de cabello “Dame pepino”

Es evidente que hay cosas que mejor abstenerse y no hacían falta muchas agencias de publicidad para decirle al dueño de esta empresa que no le pusiera su propio apellido:

  

Y hablando de apellidos:

Por mucho que sepamos que el nombre de estos negocios se refiere a los propietarios, la asociación de ideas es inevitable.

Otro problema es el de la traducción de los nombres de un país a otro y lo atentos que deben estar los encargados de marketing para pensar cómo suena una marca en un idioma que no es el original. Es famosa la historia de Coca Cola, que tuvo que cambiar su nombre en China porque el equivalente fonético de esa bebida en mandarín significa “muerde el renacuajo de cera”. Pero no hay que irse tan lejos. En nuestro país circulan algunos todoterreno importados que…

También hay que tener cuidado con la asociación que algunos clientes pueden hacer con el tipo o la categoría de los productos que se venden en un establecimiento. Con el siguiente nombre, por ejemplo, seguro que no entran muchas clientas habituadas a la porcelana de Lladró:

O con este otro, con el que no se puede quedar muy bien en el machista mundo de la construcción:

Evidentemente este artículo está hecho con mucho humor, pero no deja de ser más o menos cierto lo que aquí se cuenta. Las sensaciones son uno de los elementos más importantes de la publicidad, y si a través de un nombre se transmite una imagen de marca, la asociación de estos dos elementos debe ser cuidada al máximo.

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