Hace unos días surgió el tema de la subjetividad de lo estético: por qué podemos considerar, por ejemplo una ciudad, como fea o bonita, si cada cual la ve de una manera distinta. Hay una la famosa frase del filósofo Protágoras, que sirve como punto de partida para este debate: “El hombre (y la mujer) es la medida de todas las cosas”, es decir, que los seres humanos, como individuos y como miembros de una sociedad, son los que marcan los valores (la ética o la moral, la estética…) en un tiempo y en un lugar concreto. Sin embargo, este pensamiento es poco práctico en la vida cotidiana y uno acaba por hacerse la ilusión de que sabe lo que es bello o bueno

Digamos que cada uno se basa en un conjunto de valores que comprende que sirven para él, pero no deben elevarse a la categoría de absoluto, no deben considerarse universales y por tanto hay que admitir que todas las demás visiones sobre las cosas son tan válidas como la propia. En todo esto hay una única salvedad, al menos en el plano de lo ético, y es que la libertad de uno acaba donde empieza la de los demás. Sin embargo, en cuestiones estéticas el único límite estaría en lo que podríamos llamar buen gusto, pero como este también es un concepto relativo, se puede concluir, que no hay límites en la consideración de lo que es bello o feo.

Volviendo al ejemplo de una ciudad, en la consideración de cualquier espacio vivible la percepción del observador depende de tantos factores (como si se habita ese espacio o no, si  está en él esporádicamente, si se han tenido buenas o malas experiencias…) que habrá tantas opiniones como personas opinen. Por ejemplo, a alguien le pueden gustar las ciudades urbanísticamente ordenadas contra las de calles caóticas. Podremos decir que hay lugares feos y lugares bellos y podremos debatir sobre ello sin tener que dar vueltas constantemente a la relatividad de los valores. Cada uno puede aportar aquellas consideraciones que estime oportuno y discutir sobre ellas sin necesidad de apelar a cuestiones tan intangibles como el buen o el mal gusto. Y quien dice sobre esto, dice sobre cualquier otra cosa.

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