¿Qué es 2016 Bidea?


Ocho de la mañana, las calles sin poner, y algunos nos dirigimos al trabajo, hoy en Leintz-Gatzaga. Es 2016 Bidea y hace un tiempo de perros. Cuando llegamos ya se están preparando los valientes montañeros. Porque hay que tener… para exponerse a campo abierto y luchar contra las cuestas, el cansancio y los elementos, que hoy hacen justicia a esa escena de película en la que el protagonista llega a Euskadi como si llegara a Mordor.

Contacto con Periko, el cabeza de los guías. Visto el panorama pregunto si, con la que está cayendo, es conveniente pararse a ver un monólogo de humor. Porque una cosa es andar por el monte bajo la lluvia y otra estarse quieto y frío mientras intentan hacerte reír, que maldita la gracia. Quedamos en ir sobre la marcha así que mi compañera Janire y yo nos dirigimos al primer punto. Allí nos encontramos con Jon Txiki, el monologuista, y los técnicos. Hay que montar la carpa (que no se moje nada), el equipo (hay que ver cuántas cosas se necesitan para oír a un solo tío), el generador, la banderola de 2016 (que quede constancia), probar sonido y esperar.

En realidad la espera es lo que peor llevo. Tras la tensión de que todo el mundo esté donde tiene que estar y a su hora —que puede haber literalmente kilómetros entre unos y otros—, de preparar todo tipo de eventos en lugares donde ni las cabras, de organizar y tomar decisiones… tras todo eso se hace una especie de silencio. Toca esperar, a veces demasiado, y me aburro. Pero hoy es al revés, el grupo de montañeros viene adelantado y a pesar de la lluvia decidimos hacerlo, que somos vascos. El monólogo era bueno, “Mendira betiko bota beltzekin” y el pobre Jon Txiki arrancó sonrisas y algunas risas pero para mí que no era plan.

Mientras, el segundo humorista, Mikel Bermejo, y otro equipo técnico se habían ido a Krutzeta. Me llama Janire desde allí, no oigo nada, un hilillo de voz, mi teléfono ha pasado a mejor vida. Hasta que soplo en el auricular: el agua había entrado hasta las entrañas. Hasta ese punto.

Sigue lloviendo y hay que tomar una decisión. La tercera intervención, Ohian Vega y su “Zergatik hain goiz?”, sería bajo techo ¿Por qué no hacer allí las dos y olvidarnos del tiempo? A todo esto, los montañeros deciden pegar un sprint y, en vez de comer tortilla pasada por agua en medio de ninguna parte, aprovecharían el mismo sitio cubierto para reponer fuerzas. A estas alturas ya llevaban una hora de adelanto. Suerte que, en esta ocasión, estaba todo listo, si llega a ser otro día nos fastidian vivos.

Finalmente, Mario Simancas, “urbanita por necesidad”, remató en Arrasate una jornada complicada por la meteorología pero relativamente fácil gracias al buen entendimiento con los guías; la colaboración y adaptación de artistas y técnicos y, desde luego, a unos montañeros que lo aguantan todo, que para eso son de aquí.

Y así cada domingo…

 


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