Han pasado ya dos años desde que terminó 2016 Bidea y todavía es una muesca en la cuenta de los trabajos de Kubidetik por interesante, complicado, estresante, apasionante… Fueron diez meses de preparación, ocho meses de actividad, tres meses de liquidación… casi dos años en total en los que la vida giraba en torno a este programa… y ahora cierto vacío.

Un proyecto de gestión cultural como este no es solo un trabajo intenso y prolongado –que engancha, todo hay que decirlo– es también gente nueva con la que se establecen lazos, Ainara, Txema, Elena, Carola, Lide, Cándido, Alicia, muchos guías, Josema… es una dinámica a la que uno se acostumbra, es casi un modo de vida. Lunes, martes y miércoles, evaluación de la etapa anterior, vídeo, ajustes; jueves y viernes concretar y acordar todo para la siguiente; sábado, descansar; domingo, todo en marcha, nuevos encuentros… así cada domingo… y ahora lo echamos de menos.

Hubo intentos de reeditarlo el año pasado por parte de varias instancias, había ganas y todavía duraba la euforia, pero sin el impulso de la Capitalidad Cultural Europea, sin su infraestructura y, —por qué no decirlo, sin su presupuesto— parece imposible que un proyecto sociocultural de esa envergadura se pueda llevar a cabo. Quizás sea mejor así, quizás las cosas únicas son especiales por eso mismo, porque son únicas. Pero siempre queda un poco de nostalgia por aquello que pudo haber sido y efectivamente fue.