No hay duda de que los tiempos que corren son extraordinarios, para todos y para todo. El mundo de la cultura está experimentando especialmente esta situación: salas de concierto, cines y teatros cerrados, actividades de calle anuladas, espacios culturales a cal y canto… A nosotros nos ha tocado la siguiente tarea: dinamizar cuatro centros socioculturales para personas mayores desde casa. Y sí, les llamamos por teléfono para ver qué tal están, pero eso no se puede llamar «animación sociocultural».

El planteamiento inicial era poder dar continuidad a las actividades, y al espíritu, de los centros de alguna manera durante el confinamiento. ¿Pero cómo? Tengamos en cuenta las premisas: personas con una media de edad de unos 70-75 años, con escasos conocimientos y acceso a los medios de comunicación digital, la mayoría sin ordenador e internet en casa y con unos conocimientos básicos del uso del teléfono móvil y de todas sus posibilidades. Y la pregunta fue; qué podemos hacer y, sobre todo, cómo podemos hacerlo.

En primer lugar, vimos que la base de la comunicación, el medio, podría ser Whatsapp. Muchas de nuestras usuarias (la inmensa mayoría son mujeres) se manejan más o menos con esta aplicación, de enviarse mensajes con familiares y amigos. Se crearon grupos por cada uno de los centros en la aplicación para que todos pudiéramos estar contactados. Una vez establecido el medio, había que ver qué tipos de contenido se podían aplicar.

Por ejemplo, algunos de los talleres que realizamos en los centros están en el ámbito de la estimulación cognitiva: memoria, agilidad mental, creatividad… Bien, podíamos obtener mucho material de internet en forma de ejercicios, de manera que se fueran subiendo algunos de ellos cada día y que los fueran realizando en casa. Posteriormente se corrigen.

Sin embargo, otro tipo de talleres y cursos habituales en la actividad presencial son más difíciles de implementar: baile, gimnasia cerebral, tai-chi… Así que decidimos, a propuesta del Ayuntamiento de Irun, hacer una serie de vídeos sobre estos temas, que se suben al canal municipal de Youtube (para que estén abiertos a todos el mundo) y que posteriormente se enlazan en Whatsapp, de manera que nuestras usuarias tengan acceso directo.

 

También estamos experimentando con otro tipo de contenidos más, digamos, pasivos, como el desarrollo del un «videolibro» de «el Principito», con pequeños clips de unos diez minutos con dos o tres capítulos cada uno. Y también un experimento externo muy interesante: los audios de las cartas de acompañamiento, una iniciativa de la escritora Itziar Sistaga de la que hablaremos próximamente.

Parece que el experimento está funcionando, aunque aún es pronto para saberlo. En próximas entradas iremos analizando los resultados y ampliando la información.